Un artista del mundo flotante

Ya tenía ganas de leer a Kazuo Ishiguro, pero, sinceramente, me daba un poco de miedo acercarme a su obra, me parecía demasiado desalentador por algunos de los temas que trata (y aunque no hay que juzgar un libro por su película, estos sentimientos venían principalmente inspirados por la versión filmada de “Nunca me abandones”)

Lo cierto es que no me agrada mucho leer a autores premiados, principalmente porque no suelo coincidir con los jueces (me pasa igual que con los best-sellers, salvo en contadas ocasiones, pero esta reflexión la dejo para otro post), pero el premio sí que hizo que viera las historias que me estaba perdiendo de Ishiguro, así que en cierto sentido cumplió su misión.

El libro podría considerarse como la charla de un viejo conocido que traza una imagen desdibujada y borrosa de su pasado, una amalgama de hechos y narraciones que en muchos casos resultan inconexos, saltos de tiempo y de tema, hablando de su vida sin hablar de nada en realidad. Pudiera parecer, con estas palabras, que el libro no me ha interesado lo más mínimo, sin embargo, ha sido todo lo contrario. La historia me ha resultado interesante y sincera, la remembranza de una vida de arte, de pintura, del efímero mundo flotante, de cambios en Japón, de heridas y arrepentimientos de Masuji Ono, un pintor jubilado que reflexiona sobre lo que ha dado de sí su existencia y lo que le ha tocado vivir.

 

Lo mejor en la vida (…) se vive una noche y desaparece con el día.

Si bien es cierto que me acerqué a este título precisamente por el componente artístico, apenas hay reflexiones sobre ello, salvo alguna que otra cita. Sí que hay, en cambio, una idea del doble rasero japonés, además de una visión doble de lo que supuso el antes y el después de la II Guerra Mundial, el cambio que estaba experimentando el país y que afectaría en el futuro (y aún afecta, en cierto sentido). Un cambio de paradigma que resultó ser, al menos para el protagonista, tan efímero como el propio mundo flotante que pintaba. Otro de los elementos que deja al descubierto es el estricto sentido de la jerarquía y el deber (hacia el maestro, hacia la patria) que, en mayor o menor medida, todos los personajes del libro experimentan.

En definitiva, la historia está bastante bien construida, resulta interesante, aunque sin grandes cambios ni vaivenes.

 

Por muy fiel y detalladamente que uno quiera plasmar la imagen que de sí mismo ve en el espejo, la personalidad que queda representada corresponde pocas veces a la realidad que ven los demás.

 

*La edición que he leído es la publicada por la editorial Anagrama en su colección “Panorama de narrativas”.

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