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¿Qué por qué odio este libro? o “El despertar de la señorita Prim”

¡Buenas noches habitantes del 2016! ¡Y feliz salida y entrada de año! Como podéis ver no quería dejar terminar este año sin escribir un último post que lleva dándome vueltas en la cabeza un par de semanas…

Por norma general, el 90% de las entradas que escribo tratan de libros que me han impactado positivamente y que me encantaría dar a conocer a la gente que lee este blog. Sin embargo, esta vez quiero hacer todo lo contrario: defender porqué leer este libro es una perdida de tiempo (y muy posiblemente de neuronas…).

“El despertar de la señorita Prim” es un libro escrito por Natalia Sanmartin Fenollera en el que nos presentan un pequeño pueblecito llamado San Ireneo de Arnois (idílico según unos, absurdo según yo…). Este pueblecito alberga una sociedad en miniatura que pretende distinguirse del resto de la humanidad en su forma de vivir la vida (concepto sin duda romántico aunque algo absurdo a mi modo de ver). Los habitantes de San Ireneo son personas que en un momento determinado de sus vidas decidieron abandonar sus trabajos, casas, familias y amigos para huir de un mundo en el que tiempo es sinónimo de dinero. A lo largo de todo el libro, la autora intenta convencernos de que en San Ireneo lo más importante son los pequeños placeres de la vida y hasta este punto estoy de acuerdo con ella.

La verdadera protagonista de esta historia es Prudencia Prim, una mujer que anda alrededor de los 30, prácticamente colecciona títulos universitarios y tiene un alto concepto de sí misma (de sus opiniones, su forma de ver la vida, …) que un día lee un anuncio en un periódico en el que se ofrece trabajo de bibliotecaria. A pesar de que en el anuncio se deja claro que este puesto está reservado para alguien sin ningún tipo de estudios, la señorita Prim se lanza a la aventura y decide contestar al anuncio. Como no podía ser de otra forma el hombre del sillón (“nombre” del protagonista masculino del libro) contrata a nuestra amiga después de un breve altercado verbal… ve algo en ella que hace que la monstruosidad de tener un par de títulos universitarios no sea tan malo.

Una vez establecida en la casa del hombre del sillón, Prudencia Prim empieza a conocer a los habitantes del pueblo y a entender (o desentender) cómo cada uno vive su vida un poco como quiere en aquel remoto lugar…

De alguna forma, la historia está escrita como un intento de emular el estilo de las hermanas Brönte o el de Jane Austen. Las discusiones entre la señorita Prim y el hombre del sillón intentan acercarse de alguna manera a esas conversaciones entre Jane Eyre y Edward Rochester (protagonistas del libro Jane Eyre escrito por Charlotte Brönte) y, sin embargo, desde mi punto de vista son conversaciones vacías que nunca llegan a nada y te dejan completamente indiferente…

El tema de la religiosidad también está presente en el libro continuamente. La señorita Prim se enamora/encapricha/whatever de su jefe pero entre ellos existe una brecha infranqueable (a parte de la falta de comunicación en cuanto a temas importantes se refiere), él es religioso y ella atea. Sabemos que el hombre del sillón, anteriormente ateo/agnóstico/no creyente, se sumerge en el mundo religioso gracias a sus sobrinos (cuatro niños de los que se hace cargo tras la muerte de su hermana) y sabemos , además, que uno de estos niños, Téseris, tiene una sensibilidad especial hacia estas cosas que nunca nos explican en el libro (¿ve espíritus? ¿le habla dios?¿sabe cosas?… ¿para qué me das el dato de la sensibilidad si no me cuentas nada? ¬¬).

Otro tema que se trata en el libro es el del feminismo. Se supone que en el pueblo hay una asociación de feministas que celebran asambleas para tratar diversos temas como puede ser la búsqueda de marido de la nueva incorporación: la señorita Prim…

Desde mi punto de vista, este libro es en cierto modo una crítica a la mujer moderna, a la mujer que lucha por la igualdad, es decir, a la mujer feminista. Es como si nos quisiera decir que no hace falta luchar por conseguir un lugar en el mundo porque la mujer ya tenía un lugar en el mundo y, sin embargo, ese sitio que ocupábamos era una posición impuesta por la sociedad, la tradición y los valores antiguos que tanto defiende este libro. Es cierto que para entender lo que quiero decir es necesario leer el libro completo (cosa que no recomiendo) pero como muestra os dejo un pequeño pasaje:

“—No se ofenda, niña, quizá me he explicado mal. No he querido decir que usted, concretamente, sea dura. Lo que quiero decir es que las mujeres modernas como usted lo son en mayor o menor medida.

La bibliotecaria abrió y cerró nerviosamente la cremallera de su bolso antes de replicar. A tenor de aquella última explicación, tal vez no se pudiera decir que hubiese sido insultada personalmente, pero sí que lo había sido genéricamente; y ya fuese de un modo personal o genérico, su sentido del honor la obligaba a protestar. Lulú Thiberville la escuchó en silencio con una ligera sonrisa en la boca y después volvió a hablar.

—Así que se pregunta usted en qué me baso para realizar una afirmación semejante, ¿no es cierto?

La señorita Prim manifestó que ciertamente ésa era su pregunta.

—Me baso en el ansia, hija mía. Simple y llanamente en el ansia.

—¿En el ansia? ¿Ansia de qué?

La anciana hizo una pausa casi imperceptible antes de continuar y, cuando volvió a hablar, su voz sonó como si no fuese a callar jamás.

—El ansia que muestran todas ustedes por demostrar su valía, por dejar claro que saben esto y aquello, por asegurar que pueden conseguirlo todo. El ansia por triunfar y el ansia, todavía mayor, por no fracasar; el ansia por no ser consideradas menos, sino incluso más, por el mero hecho de ser exactamente lo que cada una cree ser o, más bien, lo que se les ha hecho creer que son. El ansia inexplicable de que el mundo les reconozca como un mérito el simple hecho de ser mujeres. Ah, pero se enfada usted conmigo, ¿no es cierto?

La bibliotecaria, con los labios apretados y los nudillos casi blancos, no contestó.

—Naturalmente que se enfada. Y sin embargo, no hay más que escucharla hablar del hombre para el que trabaja para darse cuenta de que algo de lo que digo es cierto. ¿Por qué parece usted tan enfadada? ¿Por qué lo compara y lo registra todo como si la vida se midiera con escuadra y cartabón? ¿Por qué tiene tanto miedo a perder su lugar, tanto temor a quedarse atrás? ¿Por qué, querida, se defiende usted tanto?”

Por último, debo decir que ni el final (en el que supongo que la señorita Prim tiene algún tipo de epifanía que no alcanzo a comprender porque me parece que es un personaje con cero evolución) ni el lenguaje con el que está escrito me han dejado un buen sabor de boca. Según la contraportada del libro, ésta está narrado con ingenio, brillantez e inteligencia y, sin embargo, yo no he encontrado nada de esto a lo largo de sus 352 páginas.

En resumen, libro con un lenguaje recargado que trata de contarnos la vida de una mujer en un pueblo peculiar, que no cierra la mitad de las tramas secundarias. Como dice nuestra oveja Raquel:

“Lo mejor: Terminarlo y olvidarlo”

 

¡FELIZ AÑO NUEVO! BIENVENIDO 2017!!

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