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El Castillo en el Aire

El Castillo en el Aire es el nombre del segundo libro de la trilogía El Castillo Ambulante, escrita, a lo largo de 22 años, por Diana Wynne Jones. Sí, 22 años. El primer libro, titulado igual que la propia trilogía, fue escrito en 1986. El segundo libro, cuyo título es el mismo que el de este post, fue publicado en 1990. Y, por último, el tercer libro, cuyo post aparecerá más adelante y cuyo título es La Casa de los Mil Pasillos, apareció en 2008, es decir, 18 años después de la segunda entrega de su trilogía.

A pesar de que El Castillo Ambulante y El Castillo en el Aire forman parte de la misma trilogía, el estilo con el que su autora narra ambas historias es totalmente diferentes. Diana Wynne Jones sigue utilizando el sarcasmo en su historia, sin embargo, la forma en la que esta segunda historia está contada utiliza un lenguaje más rimbombante, más exagerado, que da a la historia un tono más cómico.

Al terminar El Castillo Ambulante (cuyo post podéis leer aquí), decidí continuar con esta trilogía porque quería saber qué había ocurrido con Sophie, Howl, Calcifer y el resto de personajes con los que tanto me encariñé en ese primer libro. Sin embargo, lo que me encontré en El Castillo en el Aire fue del todo inesperado.

Al sur de la tierra de Ingary, en los sultanatos de Rashpuht, vivía un joven mercader llamado Abdullah en la lejana ciudad de Zanzib. Tal como suele suceder con los mercaderes, Abdullah no era rico. Había sido una decepción para su padre y este al morir sólo le dejó el dinero suficiente para comprar y surtir un modesto puesto en la esquina noreste del Bazar. El resto del dinero de la herencia, así como el gran emporio de alfombras situado en el centro del Bazar, fue a parar a manos de los familiares de la primera mujer de su padre.

Nunca nadie le había dicho a Abdullah por qué había decepcionado a su padre. Cierta profecía de su nacimiento tenía algo que ver con ello, pero Abdullah no se había preocupado de averiguar nada; al contrario, desde muy pequeño, se había ido inventando su propia historia. Soñaba despierto con que él era en realidad el hijo perdido de un gran príncipe, lo que quería decir, por supuesto, que su padre no era su padre. Estos pensamientos no eran sino castillos en el aire… 

Comencé a leer las primeras páginas ansiosa de volver a encontrarme con estos personajes  y, sin embargo, me encontré con la historia de Abdullah. Abdullah es un joven mercader que tiene un puesto de alfombras en la ciudad de Zanzib. Vive una vida tranquila sin grandes pretensiones, contento con poder encerrarse en su propio mundo y empezar a soñar despierto. Hasta que un día un hombre entra en su tienda para venderle una alfombra que según dice puede volar. Una vez Abdullah se convence de que es cierto que la alfombra puede volar, lleva a cabo la compra de la misma y se embarca, casi sin quererlo, en una aventura llena de bandidos, demonios, princesas  y magia.

Desde mi punto de vista, se trata de un libro de lectura rápida, bonito, que te hace pasar un buen rato pero que no deja una gran huella en el lector (al contrario de lo que ocurre con el primer libro). Es entretenido y los personajes están bien construidos, sin embargo, no llegas a encariñarte con ellos hasta el punto de querer saber qué ocurre con estos personajes más allá de este libro.

En resumen, os recomiendo este libro para esos momentos en los que no queréis leer nada demasiado pesado y necesitáis un rato de relajación mental. ¿Lo mejor del libro? La irónica descripción de Flor-en-la-noche (interés amoroso de Abdullah) y el final del propio libro. ¿Lo peor? No tener más información acerca de Howl, Sophie y Calcifer (echo en falta sus conversaciones y peleas).

¡Dadle una oportunidad! ¡No os arrepentiréis!

thecat

 

P.D. La reseña del primer libro de esta trilogía se encuentra aquí: El Castillo Ambulante.

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