El regreso de Mary Poppins

No estaba muy segura de querer ver esta película, teniendo en cuenta lo mucho que me gusta la antigua. Sin embargo, salí gratamente sorprendida del cine por lo mucho que me gustó, toma la esencia de la imagen que todos tenemos de Mary Poppins y consigue además trasladar temas que, lamentablemente, siguen vigentes.

Basada en las historias de los siete libros restantes que escribió P.L. Travers, la tónica general es la que ya conocemos por la primera adaptación: una niñera muy especial presta sus servicios a una familia que la necesita.

Estamos en Londres, en los años 30, durante la gran depresión y años de crisis social y económica, a lo que se añade la crisis familiar de los Banks. Michael y Jane ya han crecido pero esto no significa que no necesiten ayuda para librar sus batallas personales: Jane quiere abrirse camino en la lucha social (siguiendo los pasos de su madre y su grito de “Votos para las mujeres”), por su lado Michael debe lidiar con tres niños, problemas económicos y una pérdida que le ha dejado sumido en el caos. Como en la película de 1964, Mary Poppins aparece cuando los Banks más lo necesitan, y, de hecho, no acaba de quedar claro a qué niños Banks ha venido a ayudar.

Todo es posible, incluso lo imposible.

El tono general de la película es básicamente al que Disney ya nos tiene acostumbrados: ligero y divertido pero con toques de tensión y algún que otro comentario reivindicador. Supone una nueva versión sin llegar a ser una revisión de la anterior película, no es del todo una secuela pero tampoco es una reinterpretación, sino un poco de cada. De hecho, una de las escenas que más me gustaron fue precisamente la del (re)encuentro entre Mary Poppins y los ya crecidos Jane y Michael, que es prácticamente la misma que en la primera película.

A esto ayuda, por supuesto, la fotografía, que aunque se muestre actualizada en cuanto a técnica, recoge la esencia de la película anterior. La música y las coreografías no se quedan atrás, así como la aparición estelar de los famosos pingüinos que bailaron con Bert para Mary Poppins.

Quizá lo único que he echado en falta es algo más de protagonismo para Jane Banks, la hermana mayor, que pasa a ser casi un personaje de fondo.

La película incluye además dos sorpresas al final (y no, una de ellas no es la propia Julie Andrews, aunque me hubiese encantado), además de pequeños guiños a determinados objetos a lo largo del filme que, combinados con notas de música, traen a la memoria escenas de la película de 1964.

Es una cinta muy recomendable, entretenida y divertida. Es como retroceder en el tiempo a la primera Mary Poppins.

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