1984

1984 de George Orwell es uno de esos libros en los que todo el mundo se pone de acuerdo: es una pequeña obra de arte. ¿O no? He de reconocer que es uno de esos libros que siempre he tenido pendientes y a los que nunca he prestado demasiada atención. Sin embargo, hace un tiempo cayó en mis manos Rebelión en la Granja (también de Orwell) y me pareció tan bueno que decidí que había llegado el momento de formarme por mi misma una opinión sobre él.

1984 nos sitúa en un mundo distópico en el que el ser humano vive dividido en tres únicos países: Oceanía cuyo gobernante, el Partido, sigue la ideología denominada Ingsoc o socialismo inglés; Eurasia en la que impera el neobolchevismo y Asia Oriental cuya ideología recibe el nombre de adoración de la muerte. Esto tres países se encuentran en una guerra continua en la que se disputan pequeños territorios fronterizos pero cuyo objetivo principal es el mantener a la población en un estado continuo de dependencia con respecto al Partido. Esta guerra, así como el conjunto de tácticas utilizadas por el gobierno, ayudan a generar una sociedad pacífica en la que la existencia de un enemigo común más peligroso que el propio Partido justifica todas las decisiones tomadas por este. Y es en esta sociedad, rígida y controlada, en la que transcurre la vida de Winston Smith.

Winston es un trabajador del Ministerio de la Verdad, cuyo papel dentro del mismo es el de modificar el pasado para concuerde exactamente con lo que el Partido y el Gran Hermano (líder indiscutible del Partido) han decidido que la gente debe conocer como pasado, es decir, modificar toda aquel documento o prueba escrita que pudiera revelar que el pasado no es tal y como el gobierno dice que es. A pesar de pertenece al Partido Exterior (la sociedad se encuentra dividida entre los pertenecientes al Partido Interior, aquellos que dirigen Oceanía tomando las decisiones y estableciendo las leyes; los pertenecientes al Partido Exterior, encargados de llevar a cabo todo aquello dispuesto por los miembros del Partido Interior y los proles, es decir, el resto de los ciudadanos), Winston tiene serias dudas acerca de la forma de actuar del Partido. Su capacidad de recordar y reconocer que el pasado no es tal como el Partido quiere hacer creer a los habitantes de Oceanía, convierte a Winston en un individuo peligroso, por lo que debe esforzarse en pasar desapercibido y ocultar todos y cada uno de sus pensamientos si no quiere que el Partido acabe con su vida.

 

 

Desde mi punto de vista, 1984 es uno de los libros más difíciles de reseñar porque por un lado el mundo y la sociedad que te plantea es muy muy interesante: el uso de la lengua como instrumento de control, la vigilancia constante, la destrucción del concepto de familia, … Sin embargo, su argumento narrativo se me hace pesado y hasta cierto punto insípido… No voy a ponerlo al nivel de El cuento de la criada pero he de reconocer que tienen algunos puntos en común que acaban dejándome fría…

Aún así es un libro que no podéis dejar de leer para formaros vuestra propia opinión.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *