Ready Player One

¿Qué ocurre cuando la realidad ha dejado de importar? ¿Cuando vale más vivir en un juego y ganar por y para un juego que para uno mismo? ¿Qué pasa cuando la ficción ha cobrado más importancia que la propia vida, que lo real? Es la reflexión que subyace del argumento de Ready Player One, aunque a veces sea difícil verlo.

En el 2045 a Wade Watts sólo le interesa vivir en Oasis, un lugar virtual al que evadirse cuando la existencia se hace pesada y triste, pasando a la impasibilidad más absoluta en cuanto a vivir una vida real. Unos años antes, su creador James Halliday anuncia que tras su muerte dejará en herencia todo el mundo de OASIS (y lo que ello conlleva) al ganador de varias pruebas en su mundo virtual, poniendo de manifiesto que no siempre el poder ni el dinero pueden comprarlo todo. Wade, o más bien su avatar Parzival, se entregará en cuerpo y alma a la conquista del juego.

Basada en el libro homónimo de Ernest Cline, es Steven Spilberg quien dirige el filme, con Tye Sheridan como Wade y Olivia Cooke como Art3mis, “la chica” que no puede faltar en ninguna historia y por la que Wade suspirará virtual y realmente, y que también podría ser “un tío de 80 kilos de Kentucky”. Llena de referencias a la cultura pop de los 80 (aunque de vez en cuando se le escape algún que otro guiño a videojuegos más modernos, porque por mucho que pueda parecerlo, no, Minecraft no es un juego ochentero, supongo que para no poner en evidencia a las audiencias más jóvenes), desde la vestimenta elegida por Parzival para una noche en el club virtual de moda, a la música de Van Halen (gran inicio con una de mis canciones favoritas: “Jump”), Billy Idol, Earth Wind and Fire, Survivor o Wham! El resto de la banda sonora la firma Alan Silvestri.

Las referencias cinéfilas y culturales no se quedan atrás: Regreso al futuro, King Kong, Akira, Street Fighter, Gundam o mi gran sorpresa: el robot creado por Ghibli en Laputa. Castillo en el cielo. Por supuesto, las referencias a videojuegos míticos están a la orden del día, aunque sus referencias me pasan, personalmente, más desapercibidas.

La lista de referencias es larga y hará las delicias de aquéllos a los que les gusta buscar hasta el más mínimo detalle, un “a ver quién adivina más” entre amigos de lo retro.

La película está, en general, muy bien construida, con unos personajes relativamente bien definidos (aunque un poco más de hincapié en determinados aspectos psicológicos de cada uno no habría estado nada mal, sobre todo teniendo en cuenta que OASIS se parece mucho al destino fatal que muchos vaticinan actualmente), aunque no puedo sino lamentarme del misterioso caso de las gafas que desaparecen: si no vas a prestar atención a que tu protagonista lleve las gafas puestas en todas las escenas, no le hagas pasar por el oculista en primer lugar, denota falta de atención al detalle y dejadez por parte del director.

 

Salvo algunas escenas de lucha virtual que se hacen cuanto menos pesadas, es una gran película para disfrutar en el cine, una oda a tiempos pasados con reflexión (tangente, eso sí) incluida. Sólo faltan las palomitas.

 

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